El alcalde José Luis Martínez-Almeida inaugura en Madrid un memorial a los profesionales fallecidos por la libertad de expresión frente a la Asociación de la Prensa de Madrid, en un acto solemne que dejó también un momento insólito
Madrid ha querido detenerse este 18 de marzo para mirar de frente a una profesión esencial. Frente a la sede de la Asociación de la Prensa de Madrid, en la calle Juan Bravo, el Ayuntamiento ha inaugurado un monumento en memoria de los periodistas fallecidos en el ejercicio de su labor desde la llegada de la democracia.
El acto, presidido por el alcalde José Luis Martínez-Almeida y acompañado por la concejala del distrito de Salamanca, Cayetana Hernández de la Riva, así como por la presidenta de la APM, María Rey, ha reunido a representantes institucionales y profesionales de los medios en un homenaje cargado de simbolismo.
La escultura, obra del artista Daniel Canogar, se eleva como un prisma lumínico de seis metros que proyecta, en una secuencia cambiante, los nombres de los 15 periodistas asesinados por defender la libertad de expresión. Una pieza que, en palabras del alcalde, funciona como “una antorcha por la libertad” en pleno corazón de Madrid.
Un homenaje a quienes pagaron con su vida por ejercer su labor periodística
Durante su intervención, Almeida subrayó el papel del periodismo como pilar democrático:
“los periodístas Son un antídoto contra quienes quieren destruir la convivencia y la democracia”.
El monumento recoge nombres que forman parte de la memoria reciente del periodismo en España, profesionales que murieron en contextos de conflicto o violencia por ejercer su trabajo. La intención del Consistorio es clara: fijar en el espacio público un recordatorio permanente del valor de la información libre.
Una anécdota inesperada en pleno discurso
Sin embargo, el acto dejó también una escena inesperada que rápidamente ha corrido por redes sociales y medios. En pleno discurso, una paloma defecó sobre la cabeza del alcalde, provocando sorpresa entre los asistentes.

Lejos de incomodarse, Almeida reaccionó con humor, restando importancia al incidente y bromeando sobre su reciente corte de pelo. Incluso aprovechó el momento para ironizar: el periodismo, -dijo, es una profesión de riesgo… también para quienes acompañan a los periodistas.
La escena, que arrancó sonrisas, no empañó el sentido del acto, aunque sí lo convirtió en uno de esos momentos que mezclan solemnidad institucional con la imprevisibilidad de la calle madrileña.
Madrid, memoria y presente
Más allá de la anécdota, el mensaje de fondo permanece: Madrid quiere reivindicarse como una ciudad comprometida con la libertad de expresión y con la memoria de quienes la defendieron.
El monumento no solo mira al pasado. También interpela al presente en un momento en el que el papel del periodismo vuelve a estar en el centro del debate público.



