Móstoles lidera un estudio con siete hospitales madrileños para mejorar la seguridad del paciente
1.469 pacientes y 664 profesionales de Enfermería participan en la primera fase de un proyecto que medirá la cultura de seguridad antes y después de aplicar nuevas medidas asistenciales
El Hospital Universitario de Móstoles ha puesto en marcha y coordina un estudio multicéntrico destinado a analizar cómo perciben la seguridad los pacientes y los profesionales de Enfermería en los hospitales públicos madrileños y comprobar posteriormente si determinadas intervenciones permiten mejorar esa cultura de seguridad.
El proyecto, denominado «Seguridad del paciente: estudio multicéntrico sobre la percepción del paciente y del profesional de Enfermería e impacto de una intervención de mejora», cuenta con la participación de hospitales públicos del Servicio Madrileño de Salud. La primera fase ya ha permitido establecer una fotografía de partida con 1.469 pacientes y 664 profesionales de Enfermería.
La iniciativa está liderada por el Hospital Universitario de Móstoles y en su primera etapa han participado, además del propio centro, el Hospital Universitario Severo Ochoa, el Hospital Universitario Infanta Cristina, el Hospital Universitario del Tajo y el Hospital Asociado Universitario Virgen de la Poveda. Durante octubre está prevista la incorporación de la Fundación Hospital Alcorcón y el Hospital Universitario de Getafe, hasta completar los siete centros contemplados en el proyecto.
413 pacientes y 252 profesionales en Móstoles
Los datos del Hospital Universitario de Móstoles tienen un peso relevante dentro de la primera fase. En este centro participaron 413 pacientes y 252 profesionales de Enfermería.
La investigación se desarrolla en las unidades de hospitalización y excluye las áreas de pediatría y psiquiatría. En el caso de los pacientes, el estudio se centra en adultos hospitalizados, mientras que entre los profesionales participan tanto enfermeras como técnicos en cuidados auxiliares de Enfermería.
El objetivo no es únicamente conocer si pacientes y trabajadores consideran segura la atención recibida. La investigación pretende identificar aquellos aspectos organizativos, asistenciales y de comunicación que pueden constituir fortalezas o áreas susceptibles de mejora.
La diferencia es importante: una encuesta de percepción no equivale por sí misma a una medición de todos los incidentes o daños producidos en un hospital. Lo que permite conocer es cómo perciben la seguridad quienes reciben los cuidados y quienes trabajan directamente en ellos.
Dos cuestionarios para obtener una fotografía de partida
Para conocer la percepción de los pacientes se utiliza el Cuestionario de percepción de los pacientes sobre la seguridad de los servicios sanitarios, desarrollado y validado en el ámbito del Ministerio de Sanidad.
El instrumento cuenta con respaldo metodológico. El estudio de validación publicado por el Ministerio señaló una buena consistencia interna y analizó la percepción de seguridad de pacientes hospitalizados. En aquella validación, la puntuación media fue de 88 sobre 100 y el 91,7 % de los participantes declaró sentirse muy o bastante seguro durante la atención sanitaria.
Para los profesionales se utiliza la versión española de la Hospital Survey on Patient Safety Culture (HSOPS), una herramienta desarrollada originalmente por la Agency for Healthcare Research and Quality (AHRQ) y adaptada al contexto español.
La encuesta contempla 42 ítems agrupados en 12 dimensiones de la cultura de seguridad, además de una valoración global de la seguridad y cuestiones relacionadas con la notificación de acontecimientos adversos. La metodología está ampliamente documentada en la literatura científica española.
Entre las dimensiones que permite analizar se encuentran aspectos como el trabajo en equipo, el liderazgo y supervisión, el aprendizaje organizativo, la comunicación sobre errores, la dotación de personal, la respuesta no punitiva ante los errores, el apoyo de la dirección, la coordinación entre unidades y la percepción general de seguridad.
Del diagnóstico a la intervención
La investigación entra ahora en una segunda fase. A partir de octubre está prevista una intervención de seis meses durante la cual se aplicarán distintas medidas dirigidas a reforzar la seguridad.
Una de las actuaciones centrales serán las rondas de seguridad estructuradas y participativas, que se realizarán cada dos semanas y estarán dirigidas por los referentes de seguridad de las diferentes unidades.
En estas rondas participarán profesionales y pacientes. La finalidad será identificar riesgos, plantear medidas correctoras y realizar un seguimiento de su aplicación.
El proyecto contempla además una medida específica durante la preparación de la medicación: la utilización de chalecos identificativos para señalar que el profesional se encuentra realizando una actividad especialmente sensible y reducir así las interrupciones evitables.
La preparación y administración de medicamentos constituye uno de los procesos en los que la seguridad requiere especial atención. De hecho, el Ministerio de Sanidad señala los errores de medicación entre las principales fuentes de daño evitable asociadas a una atención sanitaria insegura.
La prueba llegará después de seis meses
Uno de los elementos metodológicos más relevantes del proyecto es que no termina con la encuesta inicial.
Una vez transcurridos los seis meses de intervención se repetirá la evaluación para comprobar si se han producido cambios.
En el caso de los pacientes se compararán dos muestras independientes. Para los profesionales se utilizará un diseño pre-post apareado, mediante un código alfanumérico anónimo que permitirá relacionar las respuestas de cada participante antes y después de la intervención sin identificarlo personalmente.
Esto permitirá comprobar si las medidas implantadas se asocian a cambios en la percepción y cultura de seguridad.
Por ello, en este momento debe hablarse de un proyecto en fase de intervención, y no de una mejora ya demostrada. Los resultados definitivos tendrán que esperar a la segunda evaluación.
Un proyecto que comenzó en la UCI de Móstoles
La iniciativa actual tiene su origen en una experiencia previa desarrollada en la Unidad de Cuidados Intensivos del Hospital Universitario de Móstoles.
En aquel estudio participaron 65 profesionales, con una tasa de respuesta del 98,5 %. La percepción global de la seguridad del paciente obtuvo una puntuación media de 7,62 sobre 10, mientras que el 70,8 % de los participantes declaró haber recibido formación específica sobre seguridad del paciente durante los tres años anteriores.
Los resultados señalaron como aspectos mejor valorados el trabajo en equipo dentro de la unidad y el aprendizaje organizacional y la mejora continua.
Al mismo tiempo, el análisis identificó ámbitos en los que continuar trabajando, entre ellos la comunicación, la respuesta no punitiva ante los errores, el apoyo institucional y las transiciones asistenciales. La Comunidad de Madrid señala que este trabajo fue publicado en la revista Enfermería Intensiva y que sirvió como punto de partida para ampliar la investigación.
La trayectoria de la UCI de Móstoles en materia de seguridad no es reciente. El propio hospital señala que su trabajo en seguridad del paciente comenzó en este ámbito en 2007 y que el servicio ha participado en diferentes proyectos nacionales relacionados con la prevención de infecciones y la seguridad del paciente, entre ellos los proyectos «Bacteriemia Zero», «Neumonía Zero» y «Resistencia Zero».
¿Por qué es importante estudiar la seguridad del paciente?
La seguridad del paciente es una de las dimensiones fundamentales de la calidad asistencial.
El Ministerio de Sanidad mantiene desde 2005 una Estrategia de Seguridad del Paciente del Sistema Nacional de Salud, desarrollada conjuntamente con las comunidades autónomas y con participación de profesionales, sociedades científicas y organizaciones de pacientes. En julio de 2025, el Consejo Interterritorial aprobó la nueva estrategia correspondiente al periodo 2025-2035.
La estrategia nacional plantea, entre otros objetivos, reducir al máximo los daños evitables asociados a la atención sanitaria, mejorar la cultura de seguridad, desarrollar prácticas clínicas seguras, reforzar la gestión de riesgos y aumentar la participación de pacientes y familias.
La dimensión del problema explica por qué este tipo de estudios resulta relevante. La Organización Mundial de la Salud estima que aproximadamente uno de cada diez pacientes sufre algún daño durante la atención sanitaria y que más de la mitad de esos daños podrían prevenirse. Entre los problemas asociados a daños evitables se encuentran los errores de medicación, las infecciones relacionadas con la asistencia sanitaria, los errores diagnósticos, las caídas, los problemas de identificación del paciente y determinados riesgos quirúrgicos.
En España, uno de los estudios de referencia fue el Estudio Nacional sobre los Efectos Adversos ligados a la Hospitalización (ENEAS). Analizó 5.624 pacientes ingresados en 24 hospitales públicos y encontró una incidencia de pacientes con acontecimientos adversos relacionados con la asistencia sanitaria del 9,3 %. El 42,8 % de los acontecimientos adversos fueron considerados evitables.
Estos datos proceden de un estudio realizado en 2005 y no deben utilizarse como una fotografía de la situación actual de los hospitales españoles, pero continúan siendo un antecedente fundamental para comprender la evolución de las políticas de seguridad del paciente.
Madrid cuenta con una estrategia específica
La Comunidad de Madrid también dispone de su propia Estrategia de Seguridad del Paciente del Servicio Madrileño de Salud 2027, actualmente en ejecución.
El documento establece 12 líneas estratégicas, 87 objetivos y 346 actuaciones para los distintos ámbitos asistenciales del Servicio Madrileño de Salud. Entre sus líneas figuran el desarrollo de la cultura de seguridad, la implicación de pacientes y familiares, las prácticas seguras, el uso seguro de medicamentos, los cuidados y procedimientos de Enfermería, la prevención de infecciones, la investigación y la mejora de los sistemas de gestión y aprendizaje.
La propia estrategia contempla expresamente la realización de mediciones periódicas de la cultura de seguridad y el impulso de rondas de seguridad periódicas con líderes asistenciales y no asistenciales.
Además, la Comunidad dispone del Observatorio Regional de Seguridad del Paciente, cuyo cometido incluye impulsar la cultura de gestión de riesgos, analizar información sobre riesgos sanitarios y proponer medidas para prevenirlos o reducirlos.
El paciente, también dentro del sistema de seguridad
Una de las características más significativas del proyecto de Móstoles es que no analiza exclusivamente la visión de los profesionales.
La participación de pacientes permite incorporar una perspectiva diferente: cómo se perciben aspectos relacionados con la información, la comunicación, la identificación, los cuidados y la seguridad durante el ingreso.
La OMS ha subrayado precisamente la importancia de incorporar a pacientes, familiares y cuidadores a las estrategias de seguridad. La organización considera que su participación puede contribuir a detectar riesgos, reducir daños evitables y mejorar los resultados asistenciales.
En este sentido, el proyecto coordinado desde Móstoles plantea un modelo basado en tres pasos: medir, intervenir y volver a medir.
Primero se establece una situación basal. Después se aplican medidas concretas durante seis meses. Finalmente, se vuelve a evaluar la percepción de pacientes y profesionales para determinar qué ha cambiado.
Una investigación cuyo resultado todavía está por llegar
El Hospital Universitario de Móstoles cuenta actualmente con más de 2.300 profesionales y su Dirección de Enfermería está integrada, entre otras estructuras, con la Unidad Funcional de Riesgos Sanitarios y diferentes comisiones relacionadas con calidad, formación, investigación y seguridad.
La nueva investigación amplía el trabajo iniciado en la UCI y lo traslada a un ámbito multicéntrico.
El dato más relevante ahora no es únicamente el número de participantes, sino que existe una medición inicial que permitirá comparar posteriormente los resultados.
Los 1.469 pacientes y 664 profesionales que han participado en la primera fase constituyen, por tanto, la fotografía de partida. Los próximos seis meses servirán para comprobar si las intervenciones introducidas consiguen modificar la percepción y la cultura de seguridad.
Será esa segunda medición la que permitirá saber qué medidas funcionan, cuáles necesitan ajustes y cuáles pueden incorporarse de forma estable a la práctica asistencial de los hospitales participantes.
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