jueves, abril 23, 2026

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MADRID AL DÍA

La Importancia de las palabras

HOY QUIERO HABLAR POR HABLAR

Hablar, lo que se dice hablar, es algo innato al ser humano. No paramos de hacerlo. Constantemente. Incluso en exceso. Damos nuestra opinión sobre lo humano y lo divino, la mayoría de las veces, sin conocimiento de causa. Hablamos tanto que no somos conscientes de las palabras que usamos. Palabras que salen por nuestra boca sin filtro o de forma reiterada. ¿Son ustedes conscientes de sus palabras? Les propongo un juego que yo he puesto en práctica para mi sorpresa. Grábense con el móvil en cualquier conversación cotidiana y después, fíjense en su vocabulario. Puede que, como me ha pasado a mí, se den cuenta de que estamos condicionados por el entorno, la moda y la política más de lo que nos gustaría. Por ejemplo, en 2025, la Real Academia Española ha incluido en su catálogo de lengua castellana (o sea, en el diccionario las siguientes palabras: mena, milenial, turismofobia y loguearse. También se utilizan en exceso desde hace unos años: “búmer”, solidaridad, subsidio, islamofobia, vulnerable, “okupa” o polarización. Hace muchos años (al principio de la Democracia), cuando la política no nos había arrebatado en su beneficio el poder de la palabra, polarizados eran los cristales de las gafas de sol. Los subsidios solo se mencionaban cuando alguien tenía la desgracia de estar desempleado. La “okupación” no existía, porque la propiedad privada era sagrada y nadie se acogía al término “vulnerable” para meterse en casa ajena (en muchos casos para chantajear al propietario legítimo exigiendo cantidades indecentes de dinero para largarse).

Fíjense si ha cambiado todo que durante la Dictadura a la solidaridad se le llamaba caridad. Una palabra que he odiado tanto como ahora me repele solidaridad. Las huelgas se disfrazaban mediante el término “conflicto laboral”. Y la turismofobia no existía porque para aquel Régimen, que se llenaran las playas de gente rubia y mucho más alta que los españolitos mal alimentados, era un síntoma de desarrolismo.

Lo que les decía: las palabras al servicio del Poder. Yo me declaro en rebeldía e intento no usar las que ahora están tan de moda. Es una forma de libertad ridícula, lo sé, pero por algo se empieza. Por algo se dice la frase atribuída al filósofo griego Aristóteles: “somos dueños de nuestros silencios y esclavos de nuestras palabras”. Sean felices (textual).

Isabel Arranz
Isabel Arranzhttps://www.teresaosuna.com/isabel-arranz
Isabel Arranz es periodista, guionista de televisión y autora teatral con una dilatada carrera en medios de comunicación. Tras décadas "contando historias" en la pequeña pantalla y el teatro (destacando su éxito Sofocos), debutó con gran éxito en la narrativa con su novela negra Sin reglas. Se define como una observadora nata de la realidad, experta en combinar el humor, la ironía y el análisis del comportamiento humano en todos sus proyectos.

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