EDITORIAL, Yolanda Fernández, Directora General ELImprescindible.com
Hola. Muy buenas.
¿Saben cuánto cuesta hoy en este país el derecho a la protesta? Seiscientos euros. Esa es la factura, la ‘receta’ administrativa que le ha llegado a una ganadera en Asturias por defender, simplemente, su derecho a seguir existiendo. Mientras nuestro sector primario se desangra en silencio, la respuesta de quienes nos gestionan es el castigo económico. La frialdad de la multa frente al calor del problema.
Y uno, que ya ha visto pasar mucha agua bajo los puentes, no puede evitar hacerse una pregunta que es casi un ruego: ¿Tan difícil es ser decente? ¿Tan complejo resulta gestionar lo que es de todos con honorabilidad y rigor?
El zoo de los decentes
Miren, en la naturaleza —en esa selva que a veces nos parece tan lejana— los animales buscan su sustento cada día con el esfuerzo como única garantía. Solo en los zoos se recibe el alimento a cambio de la falta de libertad, a cambio del control. Y me temo que, poco a poco, nos están empujando hacia un zoo social. Un ‘Show de Truman’ donde nos mantienen sedados con promesas, con subvenciones que parecen regalos pero que se pagan con nuestro esfuerzo, a menudo para alimentar redes de favores y comprar silencios. Se premia al que no se esfuerza y se castiga al que produce.
Observen el panorama. No es una cuestión de siglas, es una quiebra ética. Por un lado, un PSOE cercado por el ‘Caso Koldo’ y las sombras judiciales sobre el entorno más cercano del presidente. Por el otro, un PP que no logra sacudirse el polvo de la ‘Kitchen’, la ‘Gürtel’ o la ‘Púnica’. Parece que la codicia ha sustituido a la vocación. No se puede pagar —como diría un clásico— ‘a trichi moche’, mientras los servicios básicos se tambalean. Basta ya.
Pero déjenme decirles algo fundamental: yo me niego a la enmienda a la totalidad. No todos son iguales. En todos los partidos —y lo digo con convicción— hay gente honesta, gente con vocación de servicio que quiere dejar un país mejor. Pero esa gente está asfixiada por el ruido de los deshonestos.
Y ahí es donde entramos nosotros. Los partidos necesitan nuestra ayuda, pero no como soldados obedientes, sino como ciudadanos exigentes. Debemos ser nosotros quienes señalemos al que no cumple. Si un gestor falla, a la calle. Sin estridencias, sin extremismos, pero con la firmeza que nos da la Constitución. Tenemos que limpiar la casa para que los buenos puedan entrar.
Mis padres me enseñaron que la base de todo es el respeto. Que uno puede creer en lo que quiera y amar a quien quiera, hetero, trans, lesbiana, qué más da, mientras no dañe al prójimo. Eso se llama sentido común.
No tengan miedo al cambio. El poder no reside en un despacho de Madrid, reside en nosotros. El pueblo español, históricamente, ha sabido decir ‘basta’ a la soberbia del poder. No nos conformemos con sonrisas de plástico y palabras vacías. Es hora de recuperar el rigor, la paz y, sobre todo, la decencia. Porque el pueblo… el pueblo somos todos.
Soy Yolanda Fernández y esto es El Imprescindible


