Con el mes de abril, además de aguas mil como dice el refrán, se abre la veda para que el Estado nos saque los cuartos directamente de nuestra cuenta corriente. Antes que nada, quiero aclarar que yo estoy de acuerdo en que hay que pagar impuestos. Los servicios públicos no se sostienen por arte de magia. Hospitales, escuelas, medios de transporte, carreteras, servicios sociales, subsidios (de esto ya hablaré otro día que le tengo ganas al tema) … Todo aquello de lo que hacemos uso normalmente se financia con los madrugones, prisas y estrés de quienes estamos obligados a declarar nuestros ingresos. Hasta aquí no creo que haya nadie que me vaya a poner pegas.
El problema se plantea cuando en los hospitales hay unas listas de espera de meses para pruebas diagnósticas importantes u operaciones quirúrgicas vitales. El problema se plantea cuando en las escuelas no hay suficientes profesores y se baja el nivel educativo para que ciertos alumnos no se queden rezagados. El problema se plantea cuando mueren 46 personas en un accidente ferroviario en una línea de Alta Velocidad que hasta hace unos años era puntera. El problema se plantea cuando los servicios sociales no se hacen cargo de las personas sin hogar, ancianos con rentas que atentan contra su supervivencia o familias con todos sus miembros en situación de desempleo. El problema se plantea cuando los subsidios los cobran quienes no han aportado jamás ni un céntimo a las arcas del Estado. Y, por ende, el problema se plantea cuando pagamos impuestos por comer, viajar, beber, ir al cine, comprar un coche, llenar el depósito de gasolina, encender la luz del salón, etc. (IVA); por trabajar IRPF); por morirnos o llorar la muerte de nuestros padres (Impuesto de Sucesiones); por lo que nos han dejado nuestros padres después de haber pagado el IRPF por ello durante años (Impuesto de Patrimonio); por regalar un poco de dinero a nuestros hijos (Impuesto de Donaciones); por vender un piso que compraron nuestros padres con esfuerzo (plusvalía e Impuesto sobre Trasmisiones Patrimoniales); por tirar la basura (Tasa de Gestión de Residuos); por tener coche (Impuesto de Vehículos de Tracción Mecánica); por tener una casa donde caernos muertos (Impuesto sobre Bienes Inmuebles) y así hasta la extenuación.
Los españoles somos una vaca exigua que cada vez tiene menos leche. Y ojo que cuando la vaca no tiene para dar de comer a sus terneros es cuando se rebela y reparte cornadas a diestro y siniestro.
Algún día tendremos que salir a la calle para algo más que para celebrar un Mundial de Fútbol. Porque vivir en Democracia no es solo votar. También es protestar por los abusos del Estado y de nuestros representantes. Ahí lo dejo…



